Por Conchita de Córdova
Hace algunos años tuve que pasar por una de las pruebas más grandes de mi vida. Aunque he estado en Jesucristo por mucho tiempo no me he librado de ninguna de ellas, pues, el mismo Señor dijo que en la vida íbamos a tener aflicción, pero luego agregó: “tengan valor, Yo he vencido al mundo”
Cada vez puedo comprobar esta verdad: “Porque El venció, nosotros también venceremos.”
Sentada frente al escritorio de mi médico le escuche decir: “le tengo malas noticias, el tumor es maligno… hay cáncer”. En ese momento mi reacción fue de enojo, pero no contra Dios, ni contra las circunstancias, y en mi corazón sólo pude decir: “diablo mentiroso, a mí no me vas a matar, porque el Señor Jesucristo ya llevó por mí esto a la Cruz del Calvario y por Sus llagas yo soy sanada. Así que NO lo recibo; pero Espíritu Santo dame el doble de tu fruto porque lo voy a necesitar (doble paz, doble fortaleza, doble fe y esperanza y doble dominio propio).
Clamaba a Dios que hiciera un milagro en mi cuerpo pues no quería pasar por quimioterapia. Ya que, aunque fui operada, mi salud estaba mal. Las profecías de sanidad llegaban y yo me paraba sobre ellas como en una Roca.
Aprendí en el proceso…
Un día que me sentí muy mal, le pregunté al Señor porqué me sentía así, si Él ya me había sanado. Él me contestó: “La enfermedad la quité, pero el proceso lo tienes que pasar”. Nuevamente pregunté: “¿Por qué tengo que pasarlo?”, Él respondió: “Porque tienes mucho que aprender todavía”. En ese momento supe que me pondrían quimioterapia. Que aunque clamara y gimiera, Dios lo había dispuesto así. A los dos días, llamó el médico y, preparándome, comentó: “Los antígenos están muy altos y no podemos correr riesgos, tengo que ponerle quimioterapia”.
El día que comenzó el tratamiento, vino un amigo a visitarme y me dijo: “Conchita, el cáncer es como un juego y tienes que jugar a ganar… pero tienes que saber que las reglas del juego las pone Dios, y si las sigues, obtendrás la victoria”.
Siempre he sido de la opinión que toda palabra que escuchemos debe de tener una base Bíblica. Así que fui a la Biblia para buscar algo referente a las reglas del juego y en Éxodo 15:22-26 encontré que, después de salir de Egipto y de haber cruzado el Mar Rojo, hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo. Y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días sin hallar agua. Y llegaron a Mara y no pudieron beber las aguas porque eran amargas. Entonces el pueblo murmuró contra Moisés y éste clamó a Jehová, quien le mostró un árbol; y lo hechó en las aguas y se endulzaron. Allí, El Señor les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó y dijo:
1. Si oyeres atentamente la voz del Señor tu Dios,
2. e hicieres lo recto delante de Sus ojos,
3. y dieres oído a sus mandamientos,
4. y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti.
Porque Yo soy el Señor tu sanador.
Lo que animó mi corazón en ese momento, fue ver que el primer mensaje que Israel escuchó en el desierto de parte de Dios fue: “ Soy tu sanador”.
Luego, leí que el primer pacto que hizo el Señor con Su pueblo libre, fue un pacto de sanidad. Sí. Él pone las Reglas: si oyes…si haces…si guardas. Así que tomé tiempo para escuchar las cuatro reglas que Dios me dijo a mí que debería aplicar para ser sana; las cuales quiero compartir con usted.
1. Perdonar
Muchas de las personas con esta enfermedad están heridas porque han vivido cosas duras, tristes y difíciles en su vida; las cuales no han podido sacar, porque no han podido perdonar. Las han guardado en su corazón, pero llega el momento en que éste ya no sabe cómo manejarlas y las degenera en enfermedad. Esto no significa que todos los enfermos estén resentidos, pero es bueno revisar lo que tenemos dentro, pues a veces el cuerpo grita lo que el alma calla. Por esta razón Dios llevó a Israel a las aguas amargas; los israelitas no sabían que Mara era una prueba que reflejaría lo que había en su corazón. Lo único que el Señor quería era mostrarles que la amargura enferma y que perdonar y obedecerle a Él sana.
2. No Temas
Cuando Gedeón iba a la batalla, Dios le habló y le dijo: “Ahora, pues, haz pregonar en oídos del pueblo diciendo: quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase desde el monte de Galaad” (Jueces 7:3). Y se regresaron veintidós mil.
Dios sabe que el que llega a una lucha con temor, ya perdió la batalla; porque el temor paraliza e impide creerle al Señor y esperar un milagro. El temor ve las cosas naturales, la fe ve lo sobrenatural. Job dijo de sus penalidades: “Ahora veo que lo que tanto temí me aconteció”. Pues el temor lleva en sí castigo y no puede agradar a Dios, pero al que cree todo le es posible, pues nada hay imposible para Dios.
3. Guardar nuestra mente de pensaientos negativos
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida” (Prov. 4:23). Para los hebreos, la mente y el corazón eran una misma cosa. Es por eso que de nuestros pensamientos nacen nuestros sentimientos. El consejo de la Palabra de Dios es que pensemos en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama, en todo lo que es bueno y merece alabanza (Filipenses 4:8). En tiempo de prueba únase a personas de fe para que le apoyen.
4. La más importante de todas
Tómese fuerte de la mano del Espíritu Santo a través de la fe y la esperanza. Y así como yo tomé el tiempo para buscar a Dios y escuchar su dirección para mí vida, yo le invito a que usted lo haga también. Pregúntele cuál es su voluntad para usted en este tiempo. Éstas son las armas más poderosas que el Señor nos da para mover montañas y arrojarlas al mar. El Espíritu Santo, quien levantó a Jesucristo de los muertos, vivificará nuestros cuerpos mortales y nos guiará a la victoria. Me la dio a mí y ahora estoy sana.

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